Con sirenas se recordara el terremoto de 1960 en Valdivia

Este sábado 22 de mayo a las 15:11 horas sonarán todas las sirenas de Bomberos y barcos, además de campanas de las iglesias de Valdivia.en el marco de la conmemoración de los 50 años del terremoto de 1960, el más grande registrado en la historia de la humanidad. Seran tres  minutos y medio que sonaran alarmas, campanas y sirenas el tiempo que duro el mega terremoto 1960.

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Video encontrado en youtube que tiene mas de cien mil visitas y que muestra la magnitud del terremoto

Un Testimonio

Este testimonio relata, como muchos otros, los acontecimientos ocurridos, no desde el punto de vista técnico y científico, si no, como lo sintieron el común de los habitantes de aquella época. Que en definitiva fueron las víctimas y testigos de esta conmovedora historia.

La mejor forma de ilustrar estos sucesos, es a través de testimonios de personas que vivieron en carne propia los eventos de aquellos días. Una primera visión de los hechos nos lo entrega el Padre Deschamps. El se encontraba el día 22 en la zona de Corral. Un poco antes de las 15:00 horas, el Padre seguido de sus acompañantes se embarcan desde Niebla rumbo a Corral, cruzando la desembocadura del Río Valdivia. Al poco tiempo de…

iniciar su viaje empezó a moverse la tierra y vieron en el mar manchas oscuras como si fueran Ballenas, era la arena del fondo agitándose y subiendo hacia la superficie.

Llegaron a su destino a las 15:25 hrs, media hora después de comenzado el terremoto. En el muelle el agua había cubierto todo y mientras el grupo corría hacia las escalinatas para guarecerse en la parte alta, en cuestión de segundos, el agua había alcanzado casi 2 metros sobre el nivel del muelle, esta subida de agua era el primer golpe suave del Maremoto.

«Durante 5 minutos el agua se quedó quieta, 4 ó 5 metros arriba de su nivel normal. Había tres navíos en el puerto: el Santiago, el San Carlos y el Canelos. Los tres rompieron sus amarras; el Santiago, de 3.000 toneladas, cruzó por encima del rompeolas de concreto y los tres fueron arrastrados a la deriva. A las 16:10 hrs. el mar comenzó a retirarse a toda velocidad, con un ruido impresionante, como de succión metálica sobre una rugiente catarata. Como si fuese una nebulosa, un banco de arena que normalmente se encontraba a tres metros de profundidad, emergió del río.

La gente gritó: «¡Estamos perdidos: un volcán!». No se sabía qué pasaba, si el mar se retiraba o la tierra se levantaba… La segunda ola llegó unos 20 minutos después, a las 16.20 hrs. Con una altura de 8 metros y a la espantosa velocidad de 150 ó 200 Km. Por hora. A su estrépito formidable se mezclaban los gritos de las mujeres, ya que la mayoría de los hombres, desde la retirada de las aguas, había descendido para intentar salvar, en esa maldición de cataclismo caído sobre su miseria cotidiana, los objetos aún recuperables. La ola como una mano gigantesca que arrugara una hoja de papel_ trituraba las casas una tras otra, en medio de un gigantesco crepitar de maderos rotos.

En 20 segundos apiñó al pie de la colina un montón de ochocientas casas aplastadas como cajas de fósforos. Al momento de comenzar el terremoto, algunos pescadores, arrastrando a sus mujeres y niños, saltaron a sus barcas y huyeron. Desde lo alto del cerro se vio flotar a esas canoas sobre la ola «suave», después de ser arrastradas por el reflujo encolerizado, y finalmente tragadas en un instante, sin dejar huella, por la muralla líquida que avanzaba hacia tierra… El mar permaneció alto durante 10 ó 15 minutos. A continuación se retiró con el mismo ruido de succión monstruosa.

Una hora más tarde se vio aparecer a lo lejos la tercera ola. Era más alta que la precedente, 10 u 11 metros, pero la velocidad no parecía rebasar los 100 Km. por hora. Tras reventar contra el montón de madera acumulado por la segunda ola, el mar permaneció quieto poco más de un cuarto de hora, antes de retirarse, siempre con el mismo espantosos ruido metálico de succión… Los tres barcos habían sido arrastrados como si fueran fetos. El San Carlos se hundió casi de inmediato.

El Santiago zozobró a los tres días en alta mar. El Canelos, primero a una media milla, lejos de Corral, tras la segunda retirada del mar; después, a 1.500 metros río arriba de la desembocadura, adonde la tercera ola lo transportó a una velocidad aterradora».

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